KUNUMI

Empezó sus estudios de guitarra popular con el profesor Raúl Irala en donde se introdujo a los diversos ritmos y estilos del cancionero popular latinoamericano.

Estudio Guitarra Clásica y lenguaje musical con el Maestro Felipe Sosa recibiéndose de profesor en Asunción, Paraguay.

Realizó conciertos de Guitarra clásica como alumno del conservatorio del Maestro Felipe Sosa.

Estudio introducción al piano clásico, lenguaje musical y canto clásico en el Conservatorio Nacional de Asunción del cual era director el Maestro Florentín Giménez y formó parte del coro del mismo conservatorio.

Continúa sus estudios de piano con el Maestro José Luis Miranda en su conservatorio privado.

Cantante y guitarrista del grupo Ilusión Gris en donde versiona temas del grupo ingles The Cure. Realizan conciertos durante casi 5 años con muy buena aceptación del público.

Cantante y compositor. Realiza conciertos como cantautor en Asunción y otras ciudades del país.

Enseña guitarra clásica, popular y lenguaje musical de manera particular.

Ingresa al noviciado Jesuita en Paraguarí Paraguay, en donde vive durante 3 años.

En 2004 se radica en Barcelona, España realizando unos seminarios durante 2 años de guitarra clásica en La Escuela Luthiers de Artes Musicales.

Realiza conciertos como cantautor y como guitarrista clásico en Barcelona y Sevilla.

Crea un nuevo grupo con amigos catalanes llamado Jopará (mezcla) realizando conciertos en Barcelona.



KUNUMI Breve Historia ENTRE EL MAR Y EL RIO


Kunumi, expresión avá guaraní que quiere decir “niño”, y que está expuesta a traducirlo de muchas maneras (niño, ternura, inocencia).

La historia de kunumi tiene su origen en los años en que fui jesuita (2000-2003). Concretamente en el año 2002 cuando durante un mes fuimos junto con dos compañeros más a convivir con una comunidad indígena de la etnia Avá Guaraní en el departamento de Alto Paraná en la región de Hernandarias al sureste de la región oriental del Paraguay y zona limítrofe con Brasil y Argentina.

La comunidad indígena se llama Acaray-mi.
Como novicios jesuitas tenemos tres años de formación y en estos tres años tenemos dos experiencias que duran un mes cada una. Previamente a cada experiencia nos preparamos introduciéndonos a la realidad en la que vamos a vivir durante ese tiempo.

Un jesuita con mucha experiencia en el mundo indígena vino a contarnos su experiencia y a motivarnos y sensibilizarnos.

Siempre me sentí atraído e identificado con la cosmovisión indígena y por la búsqueda de “la Tierra sin Mal”, que es como los propios indígenas llaman a su tierra, su casa, el mundo, la pachamama o madre tierra, y cuando vino este jesuita a hablarnos para mí fue motivo de gran consolación espiritual.
Estando ya in situ, en la comunidad indígena, compartimos con otros misioneros que trabajan y viven en el lugar y que nos presentaron a toda la comunidad. Desde niños hasta ancianos, pudimos compartir la fe, esto es, compartir los que ellos creen y su filosofía de vida y lo que nosotros creemos y así compartir cultura y fe, respetando y protegiendo, sobre todo, su estilo de vida y sus derechos como seres humanos y dueños de estas tierras.

He dormido, he comido, he hablado, he bailado, he cantando, he llorado y reído con ellos. Pero el momento más importante fue cuando conocí a un shaman (líder espiritual) de una de las comunidades donde trabajamos. Sus palabras me interpelaron profundamente: “nosotros queremos que los blancos nos respeten, respeten nuestra opción por vivir de esta manera, respeten nuestra tierra y nuestras creencias”.

Este hombre era en su comunidad lo para nosotros es en nuestra sociedad un sacerdote, pero con una gran diferencia que fue lo que me tocó profundamente. El shaman tenía un humilde hogar, mujer e hijos. Decía que “todos tenemos un nombre que nos fue dado antes de venir a este mundo y que debemos saberlo para que nos sirva de protección durante esta vida”.
Tupá (Dios) me había dado un nombre cuando estaba en su presencia y antes de nacer en este mundo.

Yo, completamente inquietado por la vida y opción del shaman decidí reflexionar durante unos días porque me sentía llamado recibir el bautismo indígena. Este bautismo es un compromiso que uno toma con la comunidad y con la causa del pueblo indígena.

El nombre indígena, también es un símbolo de compromiso con esta causa y con este pueblo.

Luego de unas mañanas de reflexión, fui a visitar al shaman y a solicitarle el bautismo. Él me dijo que se tomaría una semana para meditarlo haciendo ayuno y oración y que luego me comunicaría su decisión.

Para mi alegría, el shaman aceptó mi petición de ser bautizado y ahí estaba yo dispuesto a recibirlo. Fui a su casa y encontramos a su mujer que estaba jugando con los hijos, ella tenía los pechos descubiertos y los niños iban desnudos. El shaman apareció de dentro del bosque que tiene al lado de su casa y nos dio la bienvenida.

Me senté en una silla pequeña y muy sencilla frente al altar que tiene y en donde se encuentran los elementos rituales, él se puso sus atuendos para la ocasión mientras yo me sentía como en las nubes.

Se lavó las manos con la sabia de un árbol que para ellos es sagrado y fumó un poco de hojas de tabaco liadas por él mismo. Inmediatamente se puso a cantar y bailar girando alrededor mío, decía: “fui a preguntarle a Tupá sobre ti y que me hablara de ti, fui a traer tu nombre para que lo vuelvas a usar”. El shaman me untó la cara con la esencia del árbol sagrado que creo era el árbol del Cedro.

Luego de unos minutos paró de cantar y bailar y dijo: “Tupá me ha revelado tu nombre en el tiempo de ayuno y oración que tuve, me dijo que eras una criatura que ama mucho y que transmite mucho amor. Me dijo que tienes la inocencia de un niño y el corazón del color del atardecer” , continuó: “puedo darme cuenta de que realmente amas mucho ya que has traído a tus compañeros para que presencien este momento junto a ti”. “recuerda que este nombre fue el que tenias antes de venir a este mundo material y mortal y que si lo aceptas también estarás aceptando nuestro estilo de vida y nuestras creencias, nuestro compromiso con la Tierra sin Mal”

Y seguidamente me dijo el nombre: “tu nombre es Kunumi Tupà Vyjueta” que quiere decir: “el niño de Dios que ama mucho” y que también se puede interpretar como el “Resplandor Amoroso de Dios” ya que me dijo: “cada vez que te encuentres desolado y confundido mira el atardecer porque ahí estás tú, ya que tu corazón tiene el color del atardecer”, “el sol rojo y naranja del atardecer habla de ti y tienes que descubrir y comprender lo que te quiere mostrar sobre ti”. “El sol del atardecer tiene como destino perderse en la noche para luego volver a salir y brillar y dar calor y vida”
Yo no tuve palabras para agradecerle lo que acababa de darme con tan sencillo y humilde bautismo y tan hermoso nombre. Me pidió que cuando pueda, vuelva a visitarle.

Desde entonces mis compañeros jesuitas me llaman kunumi y yo sigo conectado espiritualmente con mi shaman y con el pueblo indígena, con su causa y también en búsqueda de la TIERRA SIN MAL..

”.